Saltar para: Post [1], Pesquisa e Arquivos [2]

BandaLarga

as autoestradas da informação

BandaLarga

as autoestradas da informação

UNA PAREJA IDEAL - Prof Raul Iturra

 

El titulo lo he retirado de una obra de teatro de Oscar Wilde, Un marido Ideal, pieza de teatro estrenada el 3 de enero de 1985, en el auge de su carrera.

Es así también en las familias, en el auge de sus vidas se entregan a sus hermanos y parientes, como si fuera una dádiva de la divinidad. De los hermanos que hablé y escribí ayer, una idea quedó en mi cabeza: el apoyo que grupos de hermanos se prestan entre sí. Hay las simpatías de varios de ellos, que los une, dependiendo de la edad y de los objetivos comunes. Especialmente en las familias que tengo estudiado a lo largo de muchos y en varios continentes. El más visitado por mí para el psicoanalice de los niños, ha sido el de América Latina, como lo ha hecho una hija nuestra que salva especies en extinción para su Departamento de Flora y Fauna de nuestra Universidad de Cambridge, lo que la obliga a tomar contacto con adultos y niños, a los que enseña como cuidar las plantas y botánica, comenzando muchas veces a enseñar a leer y escribir. Ella es nuestra hija menor, con casi seis años de diferencia con la mayor, Psicóloga Clínica en el Hospital de Utrecht, Netherlands, que trata niños que no son de ese país, y los incorpora a la sociedad extranjera para ellos, por medio de danza y música. Esa diferencia de edad, había comprometido una relación fraterna, pero siendo el objetivo de ambas muy similar, hoy en día no solo se hablan y visitan con maridos e hijos entre Cambridge, la más nueva, y Holanda, la mayor. Un objetivo en común que las unió y ha hecho de ellas amigas del alma.

Cuando hay más hijos, la diferencia de edad marca espacio, especialmente en la infancia. Hay los que leen ya, hay los que gatean. Con el crecimiento, esas diferencias desaparecen, especialmente si el objetivo de vida de todos pasa a ser semejante. Conocí, entre tanta familia que he estudiado, una que tenía tres grupos de hermanos: el mayor, que siempre leía y no hablaba con nadie, otro de dos niñas a años de distancia del más viejo, pero con apenas once meses de diferencia entre ellas, lo que hacía de ellas un grupo unido de dos hermanas que se entendían a las mil maravillas, seguidos por un niño muy pequeño para poder hablar con su hermano mayor. Seis años, y una pequeña que solo sabía gatear, lo que aburría a ese hermano y quedó solo, buscando amigos fuera de casa. Una familia, en fin, con tres grupos.

Muchos casos estudié que eran de esa manera, especialmente la separación por género y objetivo de vida. Si eran solamente un hijo y una hija, el grupo doméstico era de dos, lo que parecía aumentar la familia porque no sabían qué hablar uno con otro. En las etnias estudiadas por mí, no había grupos: todos los niños y niñas eran iguales, como si fueran hijos de los mismos padres, especialmente el caso que mencioné de África del Sur, la tierra de Mandela, en que el ritual llevaba a los germanos como llamamos en nuestra ciencia analítica, a los hijos del mismo padre, pero de otras madres, como los Picunche que mencioné en el texto de ayer, los hijos del mismo padre y diferentes madres, cada uno en su casa y en sus tierra. Cada casa, un hombre puede tener hasta siete según la ley, tiene también grupos de hermanos divididos en trabajos: los hijos de edades próximas trabajan la tierra, las hermanas de edades semejantes, pastorean. Grupos y subgrupos llamaría yo a estos germanos.

Pero los años pasan los niños/as crecen y nace un interés común: cuidar de sus hijos, para lo cual se auxilian de esos hermanos mayores que en la infancia, ni hablaban con ellas. Pasan a saber más tarde que las hermanas entienden mejor de hijos do lo que ellos entienden o de lo que sus mujeres saben, porque auxilian a sus propios hermanos, cuñados se llaman, de sus maridos. O, hay casos más simples: los grupos de la misma familia se aconsejan, la edad y el género dejan de ser diferencia y la preocupación deshace esos antiguos hermanos/as amigos/as, porque nace un interés común: la salud. La edad avanza y no avanza en vano. Los consejos pera el mal de ojo, muy en boga entre el clan mencionado da la nación Mapuche, solo parejas excepcionales sabe tratar de ellas y pasan a ser germanos preferidos, reverenciados, festejados, como observé en mi infancia cuando alguien de familia enfermaba, se acudía a una machi-persona que trabajaba con hierbas y curaba, si los otros creían que era así. La necesidad hacía la creencia, como he narrado en mi libro Memorias de un extranjero Extravagante, 2012, aun a la espera de editor.

Es exactamente el caso que he visto éstos días en una familia en que las hermanas guardaban distancia, pero que la gravedad de la salud de una de ellas hizo que la otra, marido e hija, se importara tanto de quién parecía que estaba a fallecer, que no se fijo en gastos ni tiempo ni en su salud y ha dedicado todo su tiempo, que es libre, a ella, en cuanto su marido, a su madre de 101 años, a quién, con sus hermanos asiste por turnos sin siquiera contar las horas que ese trabajo de tratar de una inválida, significan para él.

Las enfermedades en las edades avanzadas, hacen olvidar las diferencias antiguas de grupos germanos y todos pasan a ser de la misma carne y la misma sangre. Son una pareja ideal, que se entrega a los otros sin taza ni medida. Cuando oí la historia, me conmoví hasta las lágrimas, que no hacen ruido cuando caen, pero mojan la cara, la nariz, la comisura de los labios y nos hace ser personas mejores y dedicadas, siguiendo el ejemplo que Oscar Wilde en su Un marido ideal. El marido cuida a la madre con los suyos, la mujer a su hermana con sus hijos, sus sobrinos. Ha sido capaz de juntar a los descendientes que no se juntaban, visto el peligro que una vida querida corría.

Para ellos este texto. He aprendido con ellos, como los hijos de la hermana enferma han sabido a amarse otra vez, hacer sus turnos para haber siempre uno en alerta, en caso que todo quedara peor de lo que estaba. Acabo de saber que la paciencia y serenidad de la enferma, ha juntado al lado de ella una familia completa.

Más escribiría yo, hasta adquiriría sentimientos de fe, como la hermana que la cuida.

La vida es dura, cuesta vivirla, pero cuesta mucho más aprender a vivirla. Como decía mi amigo Gabo, recientemente entrado en la eternidad, frase que me llevó a escribir un ensayo: La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla. Texto completo en: http://bandalargablogue.blogs.sapo.pt/la-vida-no-es-la-que-uno-vivio-sino-la-947465 , en http://bandalargablogue.blogs.sapo.pt/search?q=Raul+Iturra

 

Raúl Iturra

18 de junio de 2014.

lautaro@netcabo.pt