Saltar para: Post [1], Comentários [2], Pesquisa e Arquivos [3]

BandaLarga

as autoestradas da informação

BandaLarga

as autoestradas da informação

CARTA DE HERMANO A HERMANA

 

Mi querida hermana menor,

El mundo te ha cambiado mucho. El mundo también ha cambiado mucho, especialmente para ti. Aún recuerdo cuando naciste, tenía yo seis años y eras mi bebé, casi como una muñeca regalona que nunca lloraba o hacia ruido, siempre a dormir o mamar tu leche de la mamá o del biberón, porque la mamá no te podía alimentar, se había secado por el disgusto que le habías causado sin saber. Naciste al 8º mes de embarazo de nuestra madre, que tenía muchos años para tener hijos. Pero como muy católica que era, aceptaba todos los niños que hacían con el papá. Él ya no quería más: éramos tantos. Tú fuiste, de hecho, la sexta. La mamá había perdió el primer, después nací yo, el más viejo. Las semanas pasaron, aprendiste a andar llevada por la mano e tus hermanos mayores. Quién más te pasea era yo, de la mano o en los brazos. Eras tan pequeñita que yo, con mis seis años, tenía la fuerza de Hércules para pasea a la pequeña, que gateaba: no sabía andar, o si andaba ¡zas! Al suelo, te caías porque no tenías equilibrio, estabas siempre en una cuna con barrotes, una cuna blanca de ferro de la que te agarrabas para levantarte y ver de dónde venía tanto ruido, que despertaba tu curiosidad de bebé pero no lo sabías explicar. No tenías palabras ni menos conceptos para entender.

Un día me aburrí que estuvieras siempre en tu jaula de fierro, como en una celda de una cárcel te tomé e brazos y te mostré la casa, para escándalo de la mamá que temía que te tocaran. Para los otros, eras un juguete y siempre eras el bebé de los tres. Cuando jugaban a las familias. Tú no sabías nada pero te encantaba agarrar a los hermanos, porque estabas siempre sola en tu jaula. Recuerdo que usé unas riendas blancas, armadas en un pectoral que te sujetaba el cuerpo. Siempre te caías y los hermanos se aburrieron. Te tiré el pectoral y te hice andar de mi mano, especialmente en Santiago, con Griselda, quién de hecho, te enseñó a andar sola a los cinco anos tuyos. Te agarrabas a las paredes, pero Griselda y yo no te dejábamos y aprendiste a andar con paso firme y a correr, solo que te caías si corrías muy rápido. Allá íbamos nosotros, te limpiábamos las heridas con agua y agua oxigenada y, a veces, con yodo. Parecía que venías de una guerra, y de una guerra venías: una lucha con la vida, como aprendiste para más tarde en la vida y salvar esa familia que no tenía ni perro que le ladrara ni gato que la arañara.

¡Estabas siempre llena de cototos! Como fue en la realidad a tus 18 años, cuando fuiste al secundario nocturno y conociste a Héctor. Nosotros estábamos en Gran-Bretaña y conocí a Héctor, tu enamorado de esos tiempos, contigo de 8 meses de embarazo de Paulina. Fueron los primeros en no casarse, hasta que llegó la dictadura y obligó a todos a casarse por la Iglesia y el civil y lo tuvieron que hacer. Lo quisieran o no.

Tú y yo teníamos un juego especial: eras de dos años, me sentaba en una silla y me dabas besos, pero lo divertido era que se trataba de evitar esos besos, tapándonos la boca o tirando la cabeza a un lado, lo que te hizo muy bien porque ganaste en equilibrio de tu cuerpo. Y así pasaron los años de la infancia en Laguna Verde y en la casa quinta de Santiago, donde vivimos cinco años, en la calle Tres de Mayo 351. Tenía mucha tierra y tú andabas con Griselda a sembrar papas, lechuga y porotos verdes: ti trabajabas con tus cuatro años con una pala pequeña y regabas las plantas de Griselda con una regadera pequeña, o hacías correr el agua por los surcos, como aprendiste en Rengo, en la hacienda del Senador Conservador Herman Chadwick Valdés, su historia se puede leer en http://es.wikipedia.org/wiki/Herman_Chadwick donde la familia de Griselda trabajaba como inquilinos. Tú pasaste a ser una inquilina más.

¡Fue así como aprendiste el juego de la vida…y la ganaste!

Pongo en la imagen a tu hijo menor, porque es la foto que tenía a mano, no por preferencias.

Has colocado a tu marido por el camino derecho, como debe ser y estos valores no se pagan. Enseñaste a tus hijos a leer y escribir, tuviste cuidado de que fueran a la escuela y sean lo que hoy son: uno Magister en Antropología de la Educación y Director de un Colegio Privado, Pablo; dos, Ingenieros, Paulina del Ambiente, y Salvador de la técnica de la construcción. Llena de nietos y cualquier día, serán los bisnietos. Amable y una flor para tus hermanos mayores y el ángel del barrio y de los amigos. Consoladora de los hechos tristes de Chile en 1973

Hermana menor, te adoro! Que los años que has vivido, se multipliquen en tus buenas obras y que tus buenas obras sean muchas más, hasta que no se puedan contar!

¡Sabes que no soy hombre de fe, pero, para ti, hasta creo que hay una divinidad que crea personas buenas como tú! Que esa divinidad te proteja y te ampare, como tu amparaste a tu familia hasta salir adelante!

Raúl, 28 de Noviembre de 2013.

lautaro@netcabo.pt

 

 

 

 

 

1 comentário

Comentar post